Light-Seed Productions

 

 

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Alquimia del Alma

Su-Zen
Planeta Ea

Argos

© 2006 por Su-Zen
Foto de la portada
Argos Publisher en asociación con Trafford
Nuevo libro: http://earthstar.de

 

Dime y olvidaré.
Muéstrame y es posible que no recuerde.
Involúcrame y comprenderé.

Proverbio indígena americano

 

Lo desconocido

 

“¿Qué sucedería si reconociéramos que el fenómeno se encuentra más allá de nuestro marco de conocimiento actual?”
~ Dr. John Mack

Nuestro marco actual de conocimiento es incapaz de enfrentarse o manejar lo desconocido. Tenemos miedo de cualquier cosa que parezca estar fuera de la línea periférica de visión que identificamos como nuestro mundo habitual. Este miedo es interpretado como realismo, si bien es una de las mayores restricciones conocidas por el ser humano. Cuando el miedo está fuera de control, puede hacer daño. Cuando está bajo control, el miedo puede servir como una advertencia válida proveniente de los sentidos. Más importante que el miedo mismo es cómo nos enfrentamos al él.

            En los años ochenta, Jiddu Krishnamurti estaba dando pláticas públicas en Brockwood Park de Inglaterra, y en ocasiones le preguntaban si los ovnis eran reales. El motivo de estas preguntas probablemente estaba relacionado con el hecho de que, durante las pláticas, miles de personas habitaban en casas de campaña y camionetas en el terreno cercano a la escuela.

            Por la tarde, el personal de la escuela cocinaba alimentos en fogatas y las personas se reunían, comían y hablaban juntas. Uno de los temas de conversación de la gente que se encontraba en la zona para acampar era las extrañas luces que se habían visto por encima de la casa o flotando en el área. Algunas personas vieron discos, otros vieron luces ovales gigantes, pues la mayor parte de los avistamientos sucedieron por la noche.

            Cerca de la medianoche una mujer vio un disco grande que flotaba por encima de la escuela y emitía un gran rayo de luz directamente hacia el suelo. La aislada escuela se encontraba rodeada por colinas sinuosas, tierras de labranza en su mayoría, con algunos bosques pequeños por aquí y por allá. Caminos de un solo sentido serpenteaban por las colinas de Hampshire; de ser posible, evitaban seguir una línea recta. El entorno era idílico.

            Para las personas que se quedaban ahí era normal hacer caminatas por la noche y charlar, o mirar el cielo nocturno. En una noche clara, lejos de las luces de las fogatas, se podía ver la Vía Láctea penetrando los cielos como si fuera una vértebra antigua de diamantes que brillaba en el cielo nocturno. Era un fenómeno que uno no debía perderse y algunos de nosotros lo considerábamos tan importante como las pláticas mismas.

            Las personas que asistían a las pláticas de Krishnamurti eran de todos los tipos. Sin embargo, la mayoría de los campistas tendían a ser muy autosuficientes, un grupo de personas que amaban la naturaleza. Hombres y mujeres que se sentían cercanos a la naturaleza y a la Tierra, y que podían enfrentarse a tiempos difíciles si tuvieran que hacerlo. Estábamos bastante seguros ahí, anidados en las silenciosas colinas de trigo y los campos de cebada. La gente podía experimentar un profundo sentimiento de paz y seguridad.

            Hayas rojas gigantes eran los guardianes de la entrada de la zona para acampar y para la gente que se encontraba ahí era como entrar en las páginas de El señor de los anillos de Tolkien. Por tal razón, era bastante normal que las personas estuvieran caminando a altas horas de la noche, viendo cosas extrañas en el cielo. Aun más interesante es que las personas que veían las luces en el cielo no las estaban buscando. Era algo con lo que te encontrabas, sin importar si lo deseabas o no.

            Una ocasión especial un grupo de nosotros caminó por los terrenos de la escuela por la noche, en dirección a un campo. Este campo en particular era conocido como El Campo, porque las personas que habían caminado solas por el campo durante la noche se dieron cuenta de que se sentían embelesadas, paralizadas y súbitamente atrapadas en una red de visiones extrañas. Es totalmente cierto y me pasó a mí. En una ocasión un joven estaba regresando a la zona para acampar después de una caminata corta y al cruzar El Campo se encontró en medio de un paisaje de campos y árboles transformados en el resultado de un holocausto nuclear. Por lo menos, así percibió él la destrucción masiva del terreno que lo rodeaba.

            Claro que cuando estás en medio de estas visiones indeseables, pueden resultar aterradoras. En lugar de que las personas corrieran ahí por las noches, empezaron a evitar El Campo, pues nadie quería encontrarse en medio de una situación espantosa y fuera de control. Uno no iba ahí solo e incluso cruzar El Campo con un grupo de personas en la noche hacía que se te erizaran los cabellos.

            Fui testigo de cómo las personas se paralizaban súbitamente en medio del campo, incapaces de dar un solo paso, incluso si se asustaban y querían correr. El campo generaba visiones de destrucción masiva, tristeza y un sentimiento de que la gente tenía que cambiar para evitar esta destrucción. No sólo que una persona tuviera que cambiar, sino que todos teníamos que hacerlo para evitar los futuros que se nos estaban mostrando.

            Yo solía evitar El Campo por la noche, hasta que no tuve más opción que cruzar sus sendas iniciatorias, de las cuales hablaré luego. Escribo esto para mostrar los eventos más inusuales que ocurrían alrededor de las pláticas, mientras las personas acampaban juntas en la escuela durante diez días. Yo estaba interesado en los ovnis y en contacto con seres de otros mundos, pero no estaba interesado en salir de mi pequeña tienda y cruzar el célebre campo. En esta vida evitar lo desconocido no es siempre una opción.

            Recuerdo una de las preguntas que le hicieron a Krishnamurti durante una sesión de preguntas y respuestas; se le preguntó si los ovnis eran reales y se le pidió que comentara algo sobre tal fenómeno. Básicamente respondió sugiriendo que primero descubriéramos quiénes éramos y a partir de ahí podríamos ocuparnos el asunto de los ovnis y de las interacciones alienígenas.

            ¿Encontrarse frente a frente con lo desconocido? ¿Cómo puede un ser humano atrapado en las limitaciones y restricciones del pensamiento comprender o siquiera comenzar a percibir lo desconocido? Extrañamente, para algunas personas esa no es una opción. Como en la situación de El Campo, muchas personas son asaltadas por fenómenos extraños sin importar si les gusta o no. De hecho, la mayor parte de la gente que conozco no lo quiere en sus vidas y sin embargo los persigue, e incluso algunas veces parece estar destruyendo sus existencias.

            Enfrentados con esto, ¿cómo nos convertimos de seres ordinarios en Maestros de lo Desconocido? En esencia, no lo hacemos. Nos convertimos en Maestros de nuestra propia existencia y a partir de ahí tratamos con los fenómenos que llamamos “lo desconocido”. El arte de tratar con lo desconocido es similar a un espejo, el cual puede estar cubierto con tierra, imágenes y polvo, y no se puede ver muy bien en él, o puede ser un espejo que esté claro y equilibrado. Cuando el espejo interior está claro y equilibrado, uno ve lo que es.

            El reto no es externo, es interno. Para interactuar con lo desconocido tienes que interactuar contigo mismo y aquellos que están desequilibrados son quienes pierden de vista esta básica verdad vital. Cuando un individuo piensa o cree que está enfrentándose con un fenómeno externo, pierde todo sentido del equilibrio. Sólo cuando somos capaces de percibir la respuesta interna a la interacción externa nos convertimos en maestros de nuestra realidad.

            Krishnamurti sugirió que los humanos han evolucionado hacia el exterior, pero no hacia el interior. El problema creado por este desequilibrio es que tienes una conducta interna relativamente primitiva mientras que el mundo físico exterior y técnico se está transformando a tu alrededor. En todo el globo las personas tienen tanto miedo y están tan atrapadas en supersticiones primitivas como lo estaban hace miles de años, mientras que los gobiernos construyen tecnología nuclear y satélites orbitadores.

            La habilidad de la humanidad para matar ha aumentado mucho con las tecnologías en expansión de destrucción masiva, mientras que el simio que controla la tecnología es tan primitivo en su conducta y perspectivas como siempre lo ha sido. A este respecto, la tecnología en evolución se ha convertido simplemente en una mejor manera de matar más gente. Primitiva hasta el extremo.

            En este sentido, ¿estaba mostrándonos El Campo nuestra naturaleza simiesca y primitiva, y la consecuencia inevitable de esa naturaleza? ¿Caminábamos por el campo en la noche y por la visión de nuestra propia falta de evolución interior mientras que la evolución exterior nos inundaba con tecnologías cada vez más destructivas? ¡Así parece!

            La dificultad con lo paranormal y de enfrentarse a lo desconocido es que parece que estamos enfrentándonos con nosotros mismos, sin que nos demos cuenta. Leo sobre estudios científicos recientes para averiguar si los animales pueden reconocer su propio reflejo en un espejo. Aparentemente, este tipo de reconocimiento en el espejo es señal de una inteligencia superior. ¿Realmente es así?

            Los seres humanos pueden reconocer su propio reflejo en un espejo y sin embargo matan y mutilan a miles de personas con su tecnología de bombardeos de alta precisión. Difícilmente se trata de actos de una raza de seres de inteligencia superior.

            Al mismo tiempo, parece que nos negamos a enfrentar la Prueba del Espejo de la naturaleza cuando nos presenta las consecuencias obvias de nuestros actos. Actos basados en el miedo. Cuando nos enfrentamos con nuestros propios defectos, huimos y nos escondemos. Parece que somos incapaces de reconocer como nuestro propio rostro la imagen que vemos reflejada. La visión de El Campo raramente fue reconocida por aquellos que se introdujeron en ella. Ninguna de las personas con las que hablé consideraba que la visión del campo fuera el reflejo de quienes somos internamente, provocando de manera inevitable guerra y escenas de destrucción masiva. ¿Reprobamos la prueba del espejo?

 

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